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11.4.13

El sexo en la historia (11° Parte)


La ¿oscura? Edad Media (Segunda Parte)



La única unión carnal posible era la heterosexual y con
fines procreativos. Y la única unión hombre-mujer
consentida era  el sacramento del matrimonio.


   El control de la sexualidad durante los mil años del Medioevo europeo marcaron usos y costumbres que, hoy, todavía colorean los tabúes acerca del sexo. Parafraseando a mi profesor del profesorado, en más de mil años de historia difícilmente se puede hablar de un aspecto humano que no haya mutado en un periodo tan largo. Sin embargo, la sexualidad, durante todo el Medioevo, tuvo características muy notorias y determinadas.






Edición española de "Lilium Medicinae"de1495

   Practicar con moderación: Para el ilustre médico de Montpellier Bernardo de Gordonio, la práctica del sexo con “moderación” acarrea beneficios “saludables”; y dice en su “Lilium Medicinae” que la abstinencia sexual no es buena e incluso muy negativa para las mujeres. Las reprimidas sufre sofocación de la matriz, una patología que Bernardo describió de la siguiente manera: “escotoma, vértigo, dolor de cabeza, siente humo dañino que sube a las partes de arriba, tiene las manos apretadas sobre el vientre y las pernas encogidas”. Según comentaba el sabio, las más afectadas son las viudas y las jóvenes sin compromiso. Este galeno también advertía que la contemplación del cuerpo desnudo femenino es una manera no debida y fea de realizar el coito.

   La tercera es la vencida: Los líos de polleras fueron comunes entre los clérigos españoles, hasta el extremo de que el obispo Pedro de Cuéllar tuvo que tomar medidas en su diócesis, como consta en su Catecismo de 1368, donde prohíbe a los curas que compartan vivienda incluso con mujeres de su familia, y ordena que no hablen con las monjas salvo delante de otras dos o tres y en lugares libres de sospechas. En caso de ser sorprendidos en pecado, la manceba era excomulgada y, si vivía públicamente como compañera, ella y los hijos eran reducidos a la servidumbre. En lo que se refiere al clérigo pecador, éste podía ser amonestado hasta tres veces y, si luego hacía caso omiso, perdía parte de sus bendiciones y su cargo religioso.

   Una de sangría y otras de fumigaciones: Los médicos medievales, al igual que los religiosos, prescribían remedios contra los pensamientos impuros. A los varones se les recomendaban que se sometieran a una sangría de las venas superficiales a nivel de la cara superior del muslo. A las mujeres libidinosas les prescribían incienso y otras fumigaciones que se insuflaban en la cavidad genital.


 Escena de una clase en una universidad medieval


   Por una universidad menos viciosa: Las casas de mala fama y el ejercicio de la prostitución se concentraban en las villas universitarias, como Florencia, Padua, París, Heidelberg, Oxford y Salamanca. Los moralistas denunciaron la constante tentación al pecado que sufrían los universitarios y los rectores dictaron una serie de disposiciones para impedir las salidas nocturnas de los universitarios a prostíbulos y calles de mal vivir. Las normas eran generalmente incumplidas y los jóvenes pasaban normalmente más tiempo en malas compañías que de los libros.

Ahora sí, ahora no…: En el siglo XV, las prostitutas españolas se agrupaban en mancebías cercadas por murallas. Estos establecimientos, que recibían a centenares de mujeres, fueron reglamentados por Felipe II, suprimidos por Felipe IV, y reimplantados por Carlos II, y legalizados definitivamente en 1865.

Castigo dietético: Los solteros nobles que mantenían relaciones con la servidumbre cumplían una penitencia de 20 días a pan y agua.

Una fatal enfermedad llamada amor: la palabra amor tenía un significado negativo en la conciencia medieval. Para designar el afecto o el cariño en la pareja, se utilizaban otros términos: como charitas coniugalis, una mezcla de ternura y amistad; dilectio, el amor de preferencia y de respeto; o caritas, esto es, amor conyugal, y honesta copulatio, relación sexual para procrear. El vocablo amor era del todo extramarital y se aplicaba a la pasión sensual, irracional, irresistible y destructiva que desembocaba en una patología llamada amor hereos o amor heroicas.



Arnau de Villanova

   La tentación de la carne: Para reprimir los impulsos eróticos, los médicos aconsejaban limitar e incluso suprimir la ingesta de carne, ya que creían que ésta contribuye a la elaboración de la materia seminal, con el consiguiente incentivo de la lujuria. El médico catalán Arnau de Vilanova aseguró en su obra “Tarctatus de esu carnium” que los manjares sabrosos y suculentos abrían las puertas de la sensualidad y conducían a una excesiva exuberancia vital que incitaba al acto sexual.

   ¡Qué ideas aquellas!: El médico Avicena explicaba en su “Canon” que la erección masculina se debe a una fuerte ventosidad que aporta el spiritus desiderativus, para de este modo transformar la parte pertinente del cuerpo en una máquina neumática. Y según San Alberto Magno, la eyaculación es provocada por la acción espasmódica de una enorme ventosidad.

   Rojos por un pelo: Una creencia popular aseveraba que los hijos engendrados durante las menstruaciones eran pelirrojos.

   Todos contra los homosexuales: La mujer española acusa de adúltera sólo podía ser denunciada por los varones de la familia. Pero cuando se trataba de actos homosexuales, cualquier persona del pueblo podía acusar ante la ley a los sospechosos y sospechosas. Si se probaba su homosexualidad eran inmediatamente ejecutados, salvo los menores de 14 años, ya que se consideraba que a esa edad todavía no eran conscientes de sus actos.



Las relaciones sexuales en el matrimonio estaban
reguladas muy fuertemente en la Edad Media


   Los dos a la vez: Algunos médicos medievales aseguraban que la mujer que deseaba quedar embarazada debía hacer el amor con placer, ya que éste era un signo inequívoco de que durante el coito se producía la eyaculación del semen femenino. Para que éste y el del hombre coincidieran en espacio y tiempo, los orgasmos debían ser sincronizados. La falta de sincronía sexual era considerada causa de esterilidad.

Además de filtrar…: Nuestros riñones se llaman así desde la Edad Media. Los médicos denominaron a este par de órganos filtradores renes, porque rivi ab his obsceni humoris nascantur, es decir, porque el fluido (rivis) del semen (obsenus humor) brota de ese lugar.



Alberto Magno (fresco, 1352, Treviso, Italia)

   Mal de ojos: San Alberto Magno y otras figuras destacada coetáneas prevenían de los peligros de las mujeres postmenopáusicas. Según estos eruditos, el flujo menstrual, que ya no puede escapar del cuerpo, sube hasta los ojos femeninos y se proyecta a través de la mirada, lo que resulta maléficos para los hombres que los contemplen.

   En castigo, ¡ayuno!: Entre los siglos VI y IX, la Iglesia castigaba la masturbación femenina con 7 años de ayuno y la masculina con penas de 2 a 15 años.


Carlos Berdún, periodista y profesor de historia.

El sexo en la historia (10° Parte)

La ¿oscura? Edad Media

(Primera Parte)

 
 El pecado original, por Bertram von
Minden, 1375. El tema de Adán y Eva
 daba la ocasión más habitual de
representación de desnudos durante
la Edad Media.

   La cristiandad convirtió en pecado y prohibió la masturbación, la homosexualidad, el incesto, el estupro, el amancebamiento, el adulterio y otros asuntos matrimoniales. En cualquier caso, la vivencia de la sexualidad y la desnudez del cuerpo tuvo tratamientos muy distintos en cada época y lugar; y diferentes expectativas para cada nivel social (se consideraba que era propio de los campesinos un comportamiento animal, es decir, natural, y se pretendía que los nobles y clérigos tuvieran más voluntad para controlar sus instintos). La erradicación de la prostitución no se concebía posible, dado lo inevitable del pecado, y su papel de mal menor que evitaba que el deseo irrefrenable de los varones fuera en contra del honor de las doncellas y las mujeres respetables. Por lo general, los historiadores suelen coincidir que el periodo de la Plena Edad Media fue una etapa de mayor libertad de costumbres de lo que normalmente se piensa.

    Una pila de nervios: Algunos anatomistas medievales creían que el pene era un manojo de nervios que nace de la espina dorsal y termina en el miembro viril. Es por eso que lo llamaron cauda nervorum.

   Creencias inhumanas: Los católicos del siglo V propugnaron con "sólidos argumentos" que la mujer no tenía espíritu moral e incluso debatían si la hembra de nuestra especie era humana.

   Las relaciones condicionadas: Durante las llamadas "Edades Oscuras" medievales (c. 385 - 1.000), el sexo dentro del matrimonio cristiano debía practicarse siguiendo reglas muy estrictas. Por ejemplo, el sexo oral y anal eran pecado mortal, y el coito debía practicarse sólo en una posición, el hombre arriba con actitud dominante y la mujer abajo, dejándose llevar con sumisión.  También era obligatorio reprimir el deseo desmesurado o voluptas, las fantasías sexuales -delectio fornicationis-, las caricias y los contactos -contactus partium corporis-, ya que constituían un placer innecesario para la procreación. El acto sexual no podía hacerse nunca con la menstruación ni durante la penitencia en sábados, miércoles, viernes y días de fiestas religiosas.

 
 Odón de Cluny, miniatura del siglo XI

   A fuego lento: En la España medieval, los matrimonios que abortaban eran enviados a la hoguera.

   Misoginia medieval: En el siglo X, el religioso Odón de Cluny (879-942), hijo de un noble turinés, lanzó a sus monjes la siguiente arenga misógina para prevenirlos de la atracción femenina: "La belleza del cuerpo sólo reside en la piel. En efecto, si los hombres vieran lo que hay debajo de la piel, la visión de las mujeres le daría náuseas... Puesto que ni con la punta de los dedos toleraríamos tocar un escupitajo o un excremento, ¿cómo podemos desear abrazar este saco de heces?".

   ¡Claro que importa el tamaño!: Los legisladores españoles del medioevo podían anular un matrimonio si el marido demostraba que su mujer era frígida o estrecha. ahora bien, si la mujer repudiada se casaba con otro hombre y lo satisfacía sexualmente, el legislador debía divorciarla de nuevo y casarla con el primer marido. Para evitar suspicacias y errores judiciales, Alfonso X el Sabio (1.221-1.284), rey de Castilla y de León (1.252-1.284), estableció el código legislativo denominado "Las Partidas" un examen previo de los varones implicados: "Se debe mirar si son semejantes o iguales aquellos miembros que son menester para engendrar, y si comprobaren que el primer marido no lo tiene mucho mayor que el segundo, entonces la deben tornar al primero, pero si el primer marido tuviera un miembro tan grande que de ninguna manera pudiera conocerla carnalmente, sin gran peligro para ella, aunque hubiere quedado con él, no la deben separar de su segundo marido porque parece claro que el obstáculo que había entre ella y su primer marido duraría siempre".

 
 Luis IX, pintura deAugust von Wörndle,
Santuario Maria Witterschnee (Viena)

   Una expulsión fuera de lugar: En 1.254, el rey Luis IX decretó el destierro de todas las prostitutas de Francia, pero cuando comenzó a aplicarse el Edicto se observó un aumento del negocio en forma clandestina, lo que indujo a revocarlo en 1.256. Un nuevo decreto especificaba en qué zonas de París podían vivir estas mujeres y reglamentaba su forma de actuar, la ropa que podían usar y las insignias que las caracterizaría. Además, se las sometía a una inspección y control por parte de un magistrado policial, que vulgarmente era conocido como "el rey de los alcahuetes, mendigos y vagabundos". En su lecho de muerte, Luis IX aconsejó a su hijo que renovara el "Decreto de Expulsión", cosa que éste hizo con resultados igualmente desastrosos.

   Generación espontánea: Una creencia popular aseguraba que si se plantaban los pelos de una mujer menstruante en estiércol se engendraba, gracias al calor del sol, una enorme y despreciable serpiente.

 
 Enrique de Mondeville (1260-1320)
enseñando, imagen extraída de
'La Chirurgie de Maitre Henri de Mondeville'.

   Aires de placer: A comienzos del siglo XIV, Enrique de Mondeville, cirujano de los reyes de Francia Felipe I y Luis X, al examinar el clítoris de la mujer vio en él la extremidad de la uretra y comparó el capuchón de piel que lo protege con la campanilla de la garganta que, según el doctor, modifica el aire que entra en los pulmones. Para Mondeville, el clítoris venía a ser un filtro que seleccionaba los olores y el aire que ascienden por sus conductos.  En el medioevo, se creía que la mujer tenía un poder especial para captar y absorber las exhalaciones telúricas, hasta el punto de que el mismo Alberto Magno (1.200-1.280) citó el caso de una mujer que, según su propia confesión, obtenía placer con la acción del viento.

   En el buen camino: En la Baja Edad Media (1.250-1.500), a las prostitutas profesionales u ocasionales que deseaban dejar el oficio, ya fuese por ser mayores u otros motivos, les resultaba muy difícil su reinserción laboral. En el año 1.198, Inocencio III advirtió que casarse con una meretriz constituía una buena obra, ya que de ese modo se la ayudaba a abandonar una vida pecaminosa. Siguiendo los consejos papales, se crearon numerosas fundaciones como la de Halle, a través de la cual "píos muchachos tomaban en matrimonio a la pecaminosa". Y en Alemania, los miembros de la orden de la Magdalena fundaron la llamada Casa de las Almas, que recibía a prostitutas arrepentidas bajo un régimen similar al de un convento, salvo que no estaban obligadas a hacer voto de castidad. De hecho, algunas mujeres abandonaron este centro de rehabilitación como honradas prometidas de respetables burgueses.

   El coleccionista de damas: En la España musulmana, los emires incorporaban a sus harenes a mujeres españolas, preferiblemente jovencitas de alta alcurnia, como muestra de su superioridad. Quizás peste fue el motivo de la boda entre un jefe militar árabe y una de las hijas del conde visigodo Tedomiro, señor de la Cora de Tudmir, para que la ocupación de las tierras murcianas fuese pacífica; también de la entrega de un centenar de doncellas nobles por parte de un rey cristiano de Asturias derrotado en la batalla; y el del regalo que le hizo un rey de León al soberano de Córdoba para sellar la paz, que no fue otro que una de sus hermanas, joven y virgen.

 Constantino examina la orina de un paciente.

   Bueno, pero con efectos secundarios: A pesar de que reconoció que el sexo puede reportar beneficios para la salud, el médico y traductor italiano Constantino el Africano destacaba en su obra "Liber de coitu" (siglo IX) que la práctica sexual tiene algunos efectos secundarios indeseables: entre otros, tristeza, hinchazón del vientre, dolor de cabeza, audición de sonidos agudos, debiliad, temblores, contracciones y olor corporal desagradable.


Carlos Berdún, periodista y profesor de historia.

8.4.13

El sexo en la historia (9° Parte)

Los perversos romanos

(Segunda Parte)

 
 Fresco de la Casa del Centurión, Pompeya, siglo I a. C


Seguimos conociendo las curiosidades sobre la vida sexual en la antigua Roma.

   Una familia numerosa impuesta por la ley: La fórmula jurídica del matrimonio romano definía éste por su finalidad, que no era otra que la procreación. Las mujeres romanas estaban obligadas a engendrar tres o cuatro hijos: tres hijos para la nacida libre y cuatro para la manumisa, la esclava que había alcanzado la libertad.

   Se busca con urgencia una pareja...: Augusto se tomó muy en serio el tema del matrimonio y la procreación. Las leyes agustinianas prohibieron que recibiesen legados los hombres no casados entre los 20 y los 60 años, así como las mujeres célibes, incluidas las viudas y divorciadas entre los 18 y los 50 años. Hombres y mujeres debían estar casados y tener por lo menos el primer hijo a los 25 y 20 años respectivamente. Las viudas debían volver a desposarse un año después de enviudar, y las divorciadas, a los seis meses.

   ... y queremos tener un hijo ya mismo: Para cumplir con las leyes reproductoras, las parejas buscaban con ahínco los tres hijos de rigor, hasta el extremos de contabilizar los neonatos fallecidos al tercer día del alumbramiento. Los padres estériles iban desesperados a los santuarios para rogar a los dioses que les concedieran un hijo. Por su parte, las mujeres, cuando las plegarias no surtían efecto, ingerían remedios contra la esterilidad tan peligrosos como los venenos abortivos. Por ejemplo, en plena época cristiana, la emperatriz Eusebia, esposa de Constancio II, murió a causa de una pócima fertilizante, curiosamente después de  que provocase la muerte del hijo de Helena -esposa del futuro emperador Juliano- y de que hiciera ingerir un remedio mortal a la propia Helena.

   Beso a la romana: Los romanos distinguían tres tipos de besos: el osculum, que se da en la mejilla entre amigos; el basium, en los labios, y el suavem, que se dan los amantes.

   Un verdugo a la romana: Para no contradecir el mandato que impedía la ejecución de mujeres vírgenes, Tiberio ordenó que antes fueran violadas por el verdugo.

 
 Monedas que representan a Octavia (izq.) y Popea (der.)

   Celos hasta la muerte: La emperatriz romana Octavia, hija de Claudio I y Mesalina, se casó con su hermanastro Nerón (37-68). El matrimonio no se consumó y, después de ser coronado emperador, la repudió para unirse a su amante Popea Sabina. Ésta debido a los celos, acusó a Octavia de adulterio y el emperador la envió a la isla de Pandataria -hoy Ventotene-, donde fue ejecutada. Años más tarde, Popea murió debido a la violencia de Nerón.


   Servidas en bandeja: Desde la República, las esposas de la alta sociedad romana no sólo no tenían inconveniente en que sus cónyuges se distrajeran con esclavas, generalmente muy jovencitas, y concubinas, sino que ellas mismas elegían las amantes de su esposo. Sin ir más lejos, Livia, a la que Augusto amaba verdaderamente, proporcionaba al emperador las doncellas para que intimaran con él. Y las esposas del África romana, al consagrarse, al servicio de la diosa Ceres africana, se abstenían de tener relaciones sexuales y proporcionaban amantes a sus maridos para tal fin.

Del latín, bellota: Los romanos llamaron al extremo del pene glande, que significa bellota.

 
 Teodosio, grabado alemán de 1836.

   Primera cruzada anti gay: Con la llegada del cristianismo al poder, aunque quizá un poco antes, cualquier expresión de amor homosexual se convirtió en tabú y se proscribió su práctica. En 390 Teodosio I proclamó una ley prohibiendo definitivamente todas las relaciones sexuales con los del mismo sexo, castigándolas con la pena de muerte. Y la condena se mantendría en la legislación de Justiniano I. Las circunstancias que provocaron la masacre de Tesalónica al final del siglo IV dan una prueba de que incluso en la era cristiana la homosexualidad era todavía aceptada por gran parte de la población aunque estuviera oficialmente perseguida. Todo ocurrió cuando un popular auriga fue acusado de acoso sexual a un funcionario del emperador y fue arrestado. La ciudad se sublevó para pedir su liberación, demostrando que la homosexualidad no era vista como un delito en esta parte del imperio.

   Más castigo del debido: Las condenadas más bonitas pasaron por la alcoba de Tiberio antes de ser ejecutadas. El emperador las sometía durante la noche a denigrantes vejaciones y por la mañana las llevaba hasta el acantilado más abrupto y las hacía arrojar al mar. Tiberio también disfrutaba viendo cómo torturaban en los genitales a los hombres encerrados en las mazmorras, y los colmaba de vino antes de sufrir la misma muerte.

   El arco en la palabra: El vocablo fornicar deriva del latín fornice, que significa "curvatura interior de un arco", que ya bajo las bóvedas de los puentes y callejones era donde se podía contar con los servicios de una lupae, prostitutas callejeras que trabajaban en esos lugares.

   De noche y a oscuras: En la Roma republicana las mujeres nunca se desnudaban por completo delante de su maridos y sólo hacían el acto sexual por la noche y en sitios completamente oscuros.

 
 La juventud de Baco, William-Adolphe Bouguereau (1884).

   La degeneración de una fiesta al dios del vino: En el siglo II antes de Cristo, las Bacanales eran las ceremonias báquicas en las que las mujeres daban rienda suelta a sus sentimientos con un erotismo férreamente producida en la vida cotidiana. Con el tiempo, la fiesta se convirtió en banquetes interminables regados con mucho vino, que desembocaban en la práctica de sexo grupal y que con frecuencia terminaban en violencia y muertes. Los iniciados, eran seducidos a la fuerza y ejecutados sin contemplaciones cuando se negaban a complacer sexualmente a sus acosadores poderosos. El Senado prohibió esta fiesta popular en el año 186 aC y detuvo a más de 7.000 personas acusados de cometer abusos de todo tipo.

   ¡Pero qué bestias!: El bestialismo era una atracción bastante común en el circo romano. Los animales, desde toros y jirafas, hasta cebras, monos y leopardos, eran entrenados para que copularan con mujeres en la arena. Si éstas se negaban, los animales llegaban literalmente a violarlas inducidos por sus entrenadores.


Carlos Berdún, periodista y profesor de historia.